domingo, 17 de octubre de 2010

Una apostilla al capítulo de la política exterior de México ante la guerra civil española y los perseguidos del nazismo

Quiero comentar aquí a propósito de lo escrito por Katz y Gilly sobre la política del México cardenista. Recuerdo que hace años conocí el testimonio de dos jóvenes oaxaqueños, allegados míos, que pudieron viajar a España y en automóvil recorrer diversos pueblos en algunas regiones de ese país, me refirió uno de ellos que llegaron a una comunidad y visitaron lo que aquí sería un museo comunitario, que tenía piezas de la época medieval y que comentando sobre el particular, se les acercó un anciano, el encargado del museo quien les dijo que los había oido hablar y que le llamó la atención el tono y la forma en que hablaban y preguntándoles de qué país venían. Ellos le contestaron que eran mexicanos y que entonces el anciano pronunció México de una manera singular que a los chicos oazaqueños no se contuvieron y a su vez le preguntaron si conocía su país, a lo que el anciano respondió que no, de venir al país, pero que casi sí; que de niño, cuando la guerra civil española, el vivía con sus padres que eran republicanos en una zona a la que llegaban víveres en cajas de madera que decían "República mexicana" y que gracias a esos víveres su familia y él habían podido sobrevivir, pues los alimentos frescos escaseaban con motivo de la guerra. Que por esa razón él estaba muy agradecido con México y que cuando dijo eso, se le quebró la voz. Luego, les dijo que tenía que salir a comer y que en esa ocasión haría una excepción no cerraría la casa y que podían quedarse a ver con toda calma el museo, despidiéndose muy afectuosamente de esos dos jóvenes mexicanos, que quedaron muy impactados con el relato y quienes apenas sí sabían de la guerra civil española y de la postura de México ane ese conflicto. Me contaron que en ese viaje, hace tal vez una década, vieron en ese país la película "La lengua de las mariposas" que se ubica el final del relato en los inicios de aquella guerra.
Hoy al leer la conducta del embajador y la respuesta de los refugiados europeos que recibieron en México al diplomático mexicano recordé este relato y me pareció conveniente escribirlo. Los jóvenes me contaron ese testimonio emocionados por esa atención, pequeña si quieren, pero atención cuya causa estuvo en el apoyo en alimento de México hacia la República Española. Claro no solamente hubo alimentos sino tambien armas y jóvenes mexicanos se inscribieron en las famosas brigadas internacionales que fueron a pelear por España. De ese tiempo, al menos dos jóvenes oaxaqueños se inscribieron, uno regresó y se volvió periodista y escribió sus Memorias de un combatiente y su nombre identifica a la Hemeroteca Pública de la ciudad, me refiero a Néstor Sánchez Hernández y el otro, un joven oriundo del istmo Tito Ruiz Marín, aviador de la república española murió en un combate contra pilotos alemanes e italianos y cuyos restos deben estar en suelo español. Tiempos propicios para el idealismo. Vale.

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