lunes, 25 de octubre de 2010

Polémica sobre los libros de texto gratuitos, Años 60's

Buenas noches tengan ustedes: Como estamos viendo, uno de los elementos centrales del llamado Plan del Once Años fue la elaboración y distribuciòn de los libros de textos gratuitos en educación primaria, los que alcanzaron tirajes insospechados hasta ese momento. Esta polìtica educativa fue objeto de cuestionamiento por sectores de la IP, el PAN y la Uniòn Nacional de Padres de Familia, para variar. De esa extensa y enconada polémica les presento dos posturas aparecidas en el nùmero especial que la revista Life en español presentò sobre nuestro paìs a mediados de los años sesenta. Son dos posiciones contrastantes.
Ahora bien, de la lectura de ambas por favor enlisten las que consideran las ideas principales en cada discurso; pero por favor no escriban un abundante listado de frases tomados de ambos escritos sino que despuès de leer y reeler ambos artìculos señalen cuàles son las ideas centrales en cada argumentaciòn, es decir la tesis o las tesis que ambos escritores buscan demostrar. Cuál de las dos argumentaciones les parece pertinente. Y enseguida con cuál de las posiciones se identifican ustedes y porqué. Esa tarea deben enviarla el martes dos de noviembre o a màs tardar entregarla el dìa mièrcoles cuando regresemos a clases. Van pues ambos artìculos.


LA POLÉMICA SOBRE LOS LIBROS ÚNICOS

REVISTA LIFE EN ESPAÑOL, número especial dedicado a México,
27 de septiembre de 1965, pp. 54-56

“Sacrifica la Libertad”

Dice Adolfo Christlieb Ibarrola (PAN).
Según la Constitución, el Estado mexicano se adjudica la facultad originaria para promover la enseñanza y el derecho para decidir no sólo por razones técnicas, sino por razón de criterio, quién puede impartirla. El derecho para realizar actividades edu¬cativas está sujeto, respecto de la edu¬cación primaria, secundaria y nor¬mal y de la destinada a obreros y campesinos -vedadas a los ministros de los cultos y a las corporaciones y asociaciones religiosas- a la autorización del poder público; a la aceptación y cumplimiento de planes y programas oficiales, y en los últi¬mos años, a la utilización de textos escolares únicos, que el Estado impone. La autorización puede ser ne¬gada o revocada sin que en contra de la resolución relativa proceda juicio o recurso alguno. El Estado puede retirar discrecionalmente, esto es, conforme al criterio de los funcionarios del ramo educativo, en cualquier tiempo, el reconocimiento de validez a los estudios en escuelas particulares, de cualquier tipo o grado.
Si la ley mexicana previene que la enseñanza impartida o autorizada por el Estado debe mantenerse ajena a las orientaciones de cualquier doc¬trina religiosa, permite en cambio al Estado dogmatizar a través de pla¬nes, programas y textos oficiales. En efecto: en ellos, el Estado se arroga para efectos educativos la autoridad para definir conceptos contenidos en la Constitución, tales como solidari¬dad internacional, justicia, independencia, dignidad personal, integridad de la familia, interés general, nación y estructuras democráticas; puede señalar los resultados del progreso científico que aprueba, y las servi¬dumbres, fanatismos y prejuicios del espíritu que deben combatirse, erigiéndose así en supremo criterio cul¬tural, político, económico y social. En México la cuestión del libro único de texto es en realidad un debate sobre la libertad de enseñanza.
Por razones de justicia, nadie dis¬cute que la enseñanza en su nivel primario debe ser obligatoria y todos deseamos la prolongación de la esco¬laridad que se facilite la igualdad de oportunidades al mayor número de niños, supliendo sus carencias económicas con las necesarias aplica¬ciones del presupuesto nacional.
De la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, el Esta¬do pretende derivar la implantación de textos únicos y obligatorios que reparte a los alumnos de las escuelas primarias. De aquellas características pueden derivarse como medidas con¬venientes o necesarias, la gratuidad de textos, útiles y transportes esco¬lares, y atención médica, alimenta¬ción y otros servicios para los educan¬dos, pero nunca podrá concluirse la implantación de textos únicos y obli¬gatorios. La gratuidad del texto y de otros servicios escolares debe ser in¬dependiente de la orientación misma de la enseñanza. En México los conflictos en torno al libro de texto no se refieren a su gratuidad, sino al hecho de que el Estado ha impuesto la obligatoriedad de textos -que abar¬can una o más asignaturas- en todas las escuelas públicas y privadas.
Quienes diferimos de la política educativa del Estado mexicano, pen¬samos que el texto único y obligatorio convierte al maestro en su tributario intelectual, limita su espíritu creador y coarta la formación de estímulos pedagógicos; el maestro no contri¬buirá al desarrollo de la enseñanza elaborando mejores libros de texto¬ para los cuales no tendrá editor ni consumidor y acabará por conver¬tirse en seguidor mecánico de las car¬tillas impuestas por el Estado. Un texto único para cada grado de en¬señanza resulta inadecuado y anti¬pedagógico, porque presenta los te¬mas de estudio de manera uniforme para los escolares de escuelas urba¬nas y rústicas, para los del altiplano y los del trópico, para niños y para jóvenes o mayores que retardaron su educación. Renovar los métodos del trabajo escolar conforme a los descubrimientos de los grandes educado¬res, con responsabilidad y entusias¬mo, no será fácil a base de textos únicos y obligatorios, que en última instancia expresan el criterio del gobernante en turno.
Por otra parte, cuando el Estado impone textos únicos y obligatorios, obra ilegalmente porque ningún pre¬cepto constitucional lo faculta para ello, sin perjuicio de que la facultad resultaría contraria a los criterios de¬mocráticos, que deben inspirar la educación en México, de acuerdo con la Constitución.
Son cuatro las soluciones que se dan a la cuestión de los libros de tex¬to: libertad de los maestros para ele¬girlos (p. ej., Chile, Inglaterra, Ho¬landa, Italia); recomendación de tex¬tos con libertad de elección para el maestro (p. ej., Australia, Ecuador, Francia, Guatemala, Líbano); libertad de elección entre una lista obligatoria (p. ej., Alemania, Bélgica, Brasil, Canadá, España, EE.UU.) y texto único obligatorio (Albania, Checo¬slovaquia, Cuba, China, Hungría, Po¬lonia, U.R.S.S., Yugoslavia, Egipto, Iraq, Jordania, Rumania y México).
No es por tanto aventurado expre¬sar que, a través de los ejemplos, la obligatoriedad del libro de texto úni¬co es sólo un aspecto de la inter¬vención del Estado en el campo de las libertades humanas, y que la clasi¬ficación permite desprender, según el sistema adoptado, el carácter totalitario, autocrático o democrático de un régimen. Donde se impone el libro único de texto, se sacrifica en favor del Estado, la libertad personal de elección de padres, maestros o edu¬candos, reconocida por la declara¬ción universal de los derechos del hombre, suscrita por México.
Es cierto que el Estado debe fo¬mentar valores culturales capaces de mantener y promover la nacionali¬dad; pero no deben ser medio para lo¬grarlo, imponer a los estudiantes cri¬terios históricos, sociales o políticos: hay que capacitarlos moralmente pa¬ra que sean ellos quienes con libertad sientan la adhesión a los valores in¬discutibles de la comunidad nacional.
El problema de fondo involucrado en el debate sobre el texto único, es el de la manera como el Estado puede intervenir para propiciar la forma¬ción de una conciencia nacional; o dogmáticamente, a la manera totali¬taria, a través de todos los medios, incluyendo textos escolares para im¬poner su ideología, o fomentando la libre aceptación y discusión de prin¬cipios básicos del orden democrático, que ni define verdades, ni impone in¬terpretaciones históricas, ni pretende dogmatizar filosófica o religiosamen¬te sobre las razones por las cuales cada ciudadano da su adhesión a los principios de la democracia y a los valores de la nacionalidad.
A menudo se argumenta que los libros de texto no son hoy tan intole¬rantes o sectarios como otros que es¬tuvieron en uso en épocas aciagas para México. Sólo en parte es cierta la afirmación. El ataque directo se ha substituido por la afirmación tenden¬ciosa o el contraste malintencionado. Cuando se define la ayuda a los po¬bres como asistencia pública; cuando se dice al niño que lo que no es útil no tiene valor; o que los números surgieron cuando el hombre supo dis¬tinguir cuántos hijos tenía; o que para conservar la salud hay que decir la verdad porque la mentira trae preo¬cupaciones; o que debe evitarse el miedo, producto de la imaginación, por ejemplo, el temor al maestro cuando no se ha estudiado; o cuando se dice al niño que tome al texto co¬mo su propio evangelio que le en¬señará el misterio de la vida, se está, entre muchos otros casos de los que éstos son ejemplo, frente a puntos morales y pedagógicos -no mencio¬no los históricos- que admiten radi¬cales divergencias. No son sólo estas u otras cuestiones las que nos im¬pulsan a repudiar el texto único y obligatorio. Es el derecho mismo a la libertad de enseñanza, atacado por el sistema, el que lo rechaza.
Se dice también que el texto no es único, porque el Estado permite a los educandos adquirir libros comple¬mentarios para que estudien. Si el texto es gratuito para ayudar a quie¬nes carecen de recursos ¿con qué ad¬quirirán los libros de consulta? ¿Li¬bros complementarios de consulta pa¬ra la escuela primaria? Y en todo caso ¿es que se requiere permiso del Es¬tado para adquirir libros de estudio?
Quienes impugnamos el libro de texto único y obligatorio, no desea¬mos que se substituyan los que el Es¬tado impone por otros, con el mismo carácter, pero de signo ideológico di¬verso. Sólo deseamos que México de¬vuelva la libertad de selección de los libros de texto, a los maestros a quienes los padres encomienden la educación de sus hijos. Estamos se¬guros de que es posible democratizar la enseñanza mediante una lista ade¬cuada de libros gratuitos que llenen los requisitos técnicos necesarios; que contengan elementos positivos para fomentar los valores de la nacionali¬dad y que excluyan los elementos negativos que han servido para divi¬dir a los mexicanos a través de la historia, elementos que no se supri¬men cuando sólo se fomentan las versiones oficiales de la vida, la histo¬ria y la cultura de nuestro pueblo. Si democratizar la enseñanza requiere, facilitar el acceso a la misma con entrega de bienes y servicios gratui¬tos, usar de éstos para imponer cri¬terios es pretender adueñarse de la conciencia del pueblo de México apro¬vechando las carencias de los sectores más desvalidos de la población.
Contra las pretensiones dogmáti¬cas del Estado, a través de los libros únicos y obligatorios, quiero repetir lo que en otra ocasión señalé: lo mis¬mo que en contra de los textos úni¬cos, si llegara el caso, estaríamos con¬tra la imposición por parte del Esta¬do, del Catecismo del Padre Ripalda o del Silabario de San Miguel.





LA POLÉMICA SOBRE LOS LIBROS ÚNICOS
“Se integra al Mexicano”
Afirma Agustín Salvat

El gobierno de México tiene plena conciencia de que el imponente es¬fuerzo realizado por el régimen revolucionario al lanzar ediciones masi¬vas de libros de texto gratuitos para uso de la niñez escolar del país, cons¬tituye no sólo uno de los aconteci¬mientos más trascendentales en la historia moderna de nuestra patria, sino la realización concreta de una de las más vehementes aspiraciones del pueblo y el camino para conquis¬tar una de las más sagradas metas de nuestra Revolución, que en un pro¬ceso creador e incesante ha fraguado al México del presente.

Las ideas y los principios, si no es¬tán respaldados por hechos concre¬tos y por realidades tangibles, care¬cen de valor efectivo; son inoperan¬tes. No basta con proclamar que una de las bases esenciales de la felicidad común y aun de la justicia social es combatir la ignorancia y elevar el ni¬vel intelectual de las masas, empezan¬do por la niñez. Es necesario que ese principio se lleve a la práctica en la forma más directa y realista, y nada tan realista y tan directo como dotar gratuitamente de textos escolares a los niños de toda la República. El medio inmediato de acceso al cono¬cimiento son los libros. Sin libros es imposible, en esta edad del mundo, iniciar el largo y laborioso proceso de la adquisición de cultura y de saber, cuyos primeros pasos se dan en la primera enseñanza; primeros pasos de la primera enseñanza que deben ser firmes y claros, ya que nunca se ha podido levantar un edificio sobre arenas movedizas.

Y si esa aportación se realiza sin que signifique sacrificio económico para los padres de familia, que lógi¬camente consideran los textos esco¬lares de sus hijos como artículo de primera necesidad, la dotación de li¬bros escolares gratuitos no sólo re¬mueve el obstáculo económico, sino que conjuga ese legítimo interés con la importantísima finalidad social de colocar a todos los niños en edad es¬colar a idéntico nivel, igualando sus posibilidades. Así, el escolar mexica¬no de clase humilde disfruta, gracias al libro de texto gratuito, de los mis¬mos libros en que estudian el niño de la clase media y el perteneciente a una más próspera situación. El hecho involucra la solución de dos problemas: acceso a la enseñanza, base de la cultura, e igualdad de po¬sibilidades para adquirida.

Estas ideas se plasmaron en la edición de muchos millones de libros de texto, por ahora nada más del pri¬mero al sexto años de primaria, que se distribuyen gratuitamente a través de todas las escuelas del país, oficiales y particulares, en cada iniciación de cursos. Son libros claramente impre¬sos, con excelentes ilustraciones di¬dácticas y artísticas y llamativas por¬tadas a todo color que impresionan desde el primer instante las ávidas retinas de los niños, lo mismo per¬tenezcan a una sencilla familia obre¬ra, que sean hijos de un prócer indus¬trial o de un acaudalado banquero. Es la Revolución hecha obra en uno de los más importantes aspectos del presente y del futuro.

La libertad es otro postulado bási¬co de la Revolución Mexicana, y como la libertad muchas veces se ejercita en forma apasionada e injus¬ta, las corrientes de pensamiento po¬lítico opuestas al ideario de la Revo¬lución pretendieron, cuando se im¬plantó el libro de texto gratuito, le¬vantar bandera contra él, impután¬dole características que le eran total¬mente ajenas. Inclusive se maniobró para producir en la conciencia públi¬ca del país un impacto moral, afir¬mando que el libro de texto gratuito era profundamente sectario y por consiguiente ofensivo para las ideas religiosas predominantes por larga tradición en México; que era desmo¬ralizador, comunizante y antimexica¬no; que atentaba contra la unidad de la familia socavando el respeto y el amor de los hijos hacia sus padres; y que falseaba el verdadero concepto de patriotismo al presentar una imagen deformada del México auténtico.

Esa catapulta de censuras y de ataques que con finalidad esencial¬mente política fue lanzada contra los textos gratuitos y que suscitó inquietud y sobresalto en mucha gen¬te de buena fe, que sin leer siquiera superficialmente sus páginas confió en la aparente integridad moral de los detractores a ultranza del régimen y de su obra, fue pulverizada total¬mente con un solo argumento, uno solo pero aplastante y definitivo: el mismo libro de texto que hizo su propia defensa exhibiendo el conte¬nido incontrovertible de sus páginas. Interesar vivamente a los padres de familia en la lectura del texto gra¬tuito fue una estrategia contundente y victoriosa. La verdad manifiesta pudo más que la minoría política y constituyó un muro contra el cual se estrellaron, desmoronándose, to¬das las calumnias.

Conocida la verdad por los más interesados, que eran los padres de familia, no sólo fue extinguido en sus comienzos el fuego que se intentó convertir en hornaza amenazadora, sino que surgió el convencimiento pleno, la profunda convicción popu¬lar de que por encima de todas las diferencias ideológicas, el libro de texto gratuito es un libro de unidad y de paz. Para la fecha de ahora, sólo esporádicamente surge aquí y allá al¬guna airada voz de protesta por parte de quienes simulando defender la verdad siguen confiando su suerte a la mentira.

En efecto, los textos gratuitos, como se puede comprobar leyéndo¬los, están redactados con gran me¬sura y equilibrio en relación con los problemas históricos que durante muchos años provocaron controver¬sia y disparidad de opinión entre los mexicanos, como por ejemplo la in¬terpretación, sentido y frutos de la conquista de los pueblos indígenas por España; como la tarea realizada por los misioneros en esta región del continente; como la personalidad de figuras históricas representativas de encontradas corrientes de pensamien¬to; como el juicio sobre la obra reali¬zada en el pasado próximo y en el remoto por hombres de opuestas posiciones políticas e ideológicas. To¬das estas cuestiones, de suyo delicadas y espinosas porque han solido ser motivo de enconadas diferencias, las plantea el texto gratuito con gran objetividad y profundo mexicanis¬mo, apartando a la historia de la bandería política al erigirla en simple expositora serena de la verdad.

Al margen de esas cuestiones que por más de un siglo significaron no sólo un prolongado debate sino continuadas guerras intestinas y do¬lorosos derramamientos de sangre mexicana, el texto gratuito es un himno constante a la patria como objeto de la devoción común de sus hijos, y es una exaltación continua de las virtudes morales y cívicas del hom¬bre; el libro de texto conjuga aquellas cuestiones esenciales que por encima de las naturales divergencias mere¬cen la veneración y el respeto de to¬dos los miembros de una misma nación. Y no es éste, ciertamente, el menor de los méritos de esfuerzo tan gigantesco. El concepto de patria implica el de unidad, no solamente territorial sino espiritual. Y la unidad espiritual se funda en un mínimo de ideas y de verdades básicas, comunes, que son como el aglutinante de una gran variedad de factores y de ele¬mentos. Ese producto, así aglutinado, es la nacionalidad.

Esta constituye otra meta del libro de texto gratuito, además de abrir el camino a la cultura sin obstáculos económicos: integrar al mexicano. Cada uno en cada pueblo puede pen¬sar como quiera con respecto a mu¬chas cosas. Pero aquellas cuestiones que estructuran la esencia misma de la patria, su ser y su alma, forman un depósito sagrado en cuya vigilante custodia todos somos uno. Ese pu¬ñado de cuestiones básicas; ese de¬nominador común que nos ata, nos conjuga y nos integra a todos, es lo que el texto gratuito ofrenda a la niñez mexicana.

Se trata, pues, de un hecho que en el presente no es ya discutido en México por nadie, exceptuando tal vez a algunos trasnochados fuera de marco y de época, quienes ante el rotundo fracaso de la inmoral manio¬bra y ante el unánime respaldo del pueblo al texto gratuito, han dado marcha atrás, ciertamente, pero re¬fugiándose en esta otra falaz actitud: reconocen al fin que aunque en sí mismo bueno, encomiable y hasta excelente por su contenido y por su gratuidad, el texto es inadmisible por ser obligatorio y por haber sido oficialmente declarado único.

La unicidad es una característica no solamente lógica sino inherente y hasta diríamos que consubstancial con la propia naturaleza de todo libro erigido en texto escolar. En ningún centro docente del mundo se cometería el error pedagógico de señalar una pluralidad de textos para el estudio de una misma materia, sistema incongruente que generaría una gran confusión en la enseñanza. La necesaria unicidad de los textos se equilibra con los libros de con¬sulta de que se auxilian maestros y alumnos; y en México, la Secretaría de Educación Pública -además de sostener que los libros gratuitos de texto son perfectibles y no inmodificables- ha señalado una amplia lista de libros de consulta. Lo pri¬mero, o sea la obligatoriedad del texto gratuito, concurre también a mantener la coherencia en la enseñanza de las cuestiones vitales y es¬pecíficas sobre las cuales debe ser común el pensamiento de una na¬ción. Repetimos, en el México del presente, sólo los trasnochados po¬líticos urgidos de banderas, aunque sean falsas, pueden repudiar uno de los más nobles y ejemplares esfuer¬zos que se hayan realizado en los tiempos modernos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario