Va este artículo sobre la gestión del primer sectario de Educación Pública que tuvo el régimen de Miguel de La Madrid Hurtado.
LA REVOLUCIÓN EDUCATIVA DE JESUS REYES HEROLES
El sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988), estuvo signado por la idea de renovar a fondo las instituciones políticas, sociales, culturales y educativas. El discurso giraba en torno a la renovación moral de la sociedad que apuntaba a una crítica de las acciones políticas realizadas en el pasado u se proponía cambiar el funcionamiento administrativo y ético de los distintos ámbitos de la vida nacional. En educación, los planteamientos para realizar los cambios se darían a partir de un diagnóstico amplio de las diversas condiciones que prevalecían en el sistema educativo nacional.
Fuente: Revista Educación 2001, México, # 66, noviembre 2000
Antonio Gómez Nashiki*
El diagnóstico
Los resultados de este ejercicio arrojarían un panorama poco alentador en todos los niveles educativos. El documento señalaba que la eficiencia Terminal de los diversos niveles del Sistema Educativo Nacional, por distintos factores tanto internos como externos, era bastante pobre. Por ejemplo, se tenía lo siguiente:
De cada 100 niños que ingresaban a la primaria, 52 terminaban el sexto grado, de éstos, el 85% se inscribía en secundaria y sólo el 64% completaba tal ciclo; el 65% de los egresados de secundaria se inscribía a su vez en bachillerato; 3.3% en normal y el 1.17 en carreras terminales medias. En las carreras de licenciatura se matriculaba el 85.4% de los egresados de bachillerato y sólo la mitad concluía sus estudios universitarios.
Otro señalamiento importante era que en los niveles de primaria y secundaria habían prevalecido modelos diseñados para el medio urbano, sin contribuir debidamente a la solución de los requerimientos de una gran parte de la población rural.
Los datos revelaron un severo rezago educativo, con pocos logros qué celebrar, y aunado a este panorama el país en general enfrentaba una profunda crisis económica, como resultado de las políticas implementadas del sexenio anterior y que obligaban a pensar en acciones austeras.
El programa
Con estos antecedentes se elaboró el Programa Nacional de Educación, cultura, Recreación y Deporte, 1984-1988, que planteaba entre sus principales propósitos los siguientes:
• Promover el desarrollo integral del individuo y de la sociedad mexicana.
• Ampliar el acceso de todos los mexicanos a las oportunidades educativas, culturales, deportivas y de recreación.
• Mejorar la prestación de los servicios en estas áreas.
• Para tal fin, se especificaron los siguientes objetivos:
1) Elevar la calidad de la educación en todos los niveles;
2) Racionalizar el uso de los recursos disponibles y ampliar el acceso a los servicios educativos a todos los mexicanos con atención prioritaria a las zonas y grupos desfavorecidos:
3) Introducir nuevos modelos de educación superior vinculados con los requisitos del sistema productivo;
4) Regionalizar y descentralizar la educación básica y normal, y 5) mejorar y ampliar los servicios en las áreas de educación física, deportes y recreación.
Los objetivos señalaban temas difíciles y añejos del sistema educativo, principalmente en de la descentralización; en cambio, apenas empezaba a despuntar el que con el paso del tiempo se convertiría en central, el tema de la calidad de la educación.
Cómo atacar la problemática educativa fue señalado por el presidente en su primer informe de gobierno, en el que convocó a los mexicanos a realizar una revolución educativa.
[…] Introducir en el sistema educativo no simplemente parches o remiendos, o meras reformas limitadas; ha postulado toda una revolución.
El concepto de revolución de inmediato acaparó la atención y encontró señalamientos críticos en el sentido de enunciar fines muy ambiciosos, por ejemplo, ante el cuestionamiento que se hizo al secretario a pregunta expresa de si no se exageraba al usar este término, la respuesta fue que.
[…] dada la magnitud del problema, no se exageraba. No se harían sólo algunas reformas, ni tampoco se pondrían algunos parches, sino que se procuraría poner de acuerdo la educación legal con la real. Había un abismo entre una y la otra.
La tarea de argumentar y defender la propuesta le correspondió a Jesús Reyes Heroles, secretario de Educación de ese momento, un experimentado político que se había distinguido por su larga carrera en la docencia y por promover una de las reformas políticas más importantes del país cuando fue secretario de Gobernación (1976-1979). Enrique Krauze señala con precisión su forma de proceder políticamente:
Objetivamente, su misión era conservar en el sentido de consolidar, pero su método fue el cambio.
Jesús Reyes Heroles haría una defensa a ultranza de los postulados de la revolución educativa y, en muchos sentidos, les dio una orientación propia que complementaba el planteamiento original hecho por De la Madrid:
Reiteramos la necesidad, postulada por el presidente Miguel de la Madrid, de revolucionar la educación. Esto entraña defender y afirmar nuestros valores fundamentales, superar o desechar hábitos administrativos viciosos, prescindir de lo obsoleto, aplicar racional eutanasia a lo que está incurablemente enfermo, combatir el analfabetismo y democratizar la enseñanza para llegar a sustentar en ella, en buena medida, la renovación moral de la sociedad.
En cuanto a la precisión del concepto, que fue severamente cuestionado, Reyes Heroles señalaba que no era unívoco:
En un análisis de lo que ya se ha publicado sobre revolución educativa, salieron 60 tesis sobre ella….Sólo en un informe, el señor presidente De la Madrid, externó 8 definiciones…
Por lo que buena parte de la tarea del secretario fue darle coherencia a las distintas definiciones existentes en el marco de lo propuesto por el Programa:
Se ha denominado Revolución Educativa al proceso de aceleración y transformación de la educación en México, a una serie de instrumentos y objetivos que pretenden hacerle frente a la crisis educativa. “Tal denominación obedece a que se intenta tocar los problemas desde su raíz”.
En más de una ocasión, el secretario intentó justificar que todos los males educativos del país se podían resolver poniendo en práctica la revolución educativa:
La revolución Educativa es constructiva. Quiere eliminar la hipertrofia y macrocefalia que impera en la educación: la separación escuela-hogar; la no participación de la comunidad educativa en la enseñanza; el alejamiento del centro que toma las decisiones de los lugares en que se aplican; la reducción de la sustancia ética de la educación. Quiere que se eduque la voluntad, el carácter, que se enseñe a pensar por cuenta propia; y se propone el mejoramiento general de la calidad educacional, desde preescolar hasta estudios superiores.
En distintas ocasiones se trató de aclarar la discusión acerca de si era una revolución o una reforma simplemente pero vale la pena señalar que siempre se argumentó en términos de revolución por ser un concepto más incluyente que permitía englobar tanto las disposiciones administrativas como filosóficas de los temas educativos.
Si bien con el concepto de revolución educativa se querían resolver todos los lastres del sistema educativo, no se planteaban posiciones específicas que se tradujeran en cambios de mayor proyección, como por ejemplo, en el tema de la descentralización se anotaba lo siguiente:
La revolución educativa tiene varios objetivos…descentralizar para que los sectores involucrados en la educación participen en ella, tengan una participación creciente en el propio proceso educativo, porque un proceso educativo en el fondo sólo tiene éxito si hay una movilización de la sociedad en torno a él.
Con el fallecimiento de Reyes Heroles a los 64 años, siendo secretario de Educación en funciones (19 de marzo de 1985), la reforma perdió fuerza sensiblemente, ya que si alguien la había sostenido era él, pese a todas las críticas señaladas. La llegada del nuevo secretario, Miguel González Avelar, fue más bien discreta, apegándose al discurso ya establecido y sin realizar alguna modificación de peso.
Los saldos de la revolución educativa
En cuanto a elevar la calidad de la educación, los resultados obtenidos fueron magros, algunas evaluaciones aplicadas a nivel nacional como México, un país de reprobados demostraron elocuentemente los rendimientos académicos y la baja calidad educativa. Investigaciones similares coincidían en los bajos resultados de los estudiantes que sin considerarse como datos absolutos o únicos para estimar la calidad, daban cuenta de la problemática existente.
En lo que respecta a la formación de profesores, se introdujo la licenciatura para los profesores de preescolar y primaria y se exigió el bachillerato para cursarla, lo que trajo una serie de problemas para la incursión de nuevos profesores a estos estudios, además de establecer una desvinculación académica irreversible de la licenciatura con la Normal.
De acuerdo con los datos obtenidos al final del sexenio, lo que se recortó fueron los recursos financieros para la educación:
El servicio de la deuda nacional pasó del 18% al 49% del gasto federal y, así, se eliminó cualquier posibilidad de simple conservación, mucho menos de ampliación […]el gasto educativo nacional cayó del 5.3% al 3.3% del PIB.
La restricción presupuestal impactó fuertemente el salario de los profesores “de suerte que en 1988 era casi el 50% de su valor inicial”, con lo que la formación integral del magisterio se vio muy deteriorada.
El tema de la descentralización tampoco registró cambios notables:
La primaria no perdió su rigidez ni se tuvieron en cuenta las diversidades regionales: la deserción no se redujo. En la secundaria general no se llegó a implantar totalmente el sistema de áreas, en vez de asignaturas, lo cual produjo desorientación en los estudiantes… La Normal, en cambio, con la elevación a licenciatura y la introducción del bachillerato se contrajo considerablemente.
La revolución educativa que se intentó implementar se vio trastocada por la severa crisis económica y tal como las críticas habían señalado, los ambiciosos números que se habían planteado alcanzar al inicio de la administración no se lograron cumplir.
La revolución educativa distó mucho de cumplir con las expectativas que creó al momento de su aparición. La argumentación decidida de sostener una orientación revolucionaria en materia educativa, rápidamente sucumbió ante el contexto de crisis que se prolongó a lo largo del sexenio. Además, se puede observar que el concepto se fue trabajando sobre la marcha y por tal motivo se tuvo que estar defendiendo constantemente. Por otro lado, la muerte de Reyes Heroles significó que buena parte del discurso perdiera legitimidad. Está por demás decir que fue una revolución inconclusa.
Notas
Véase, Programa Nacional de Educación, Cultura, Recreación y Deporte, 1984-1988,México, Poder Ejecutivo Federal, 1984.
Ibid.
Para un análisis pormenorizado del sexenio de José López Portillo y las consecuencias en los primeros años del sexenio de De la Madrid, véase el trabajo de Ramírez, F. y Ontiveros R., Estado y crisis del desarrollo nacional. Planeación de la Administración Pública, México, ECASA, pp. 155 y ss.
Ibid.
Miguel de la Madrid, Primer Informe de Gobierno, 1 de septiembre de 1983.
“Revolución educativa”, Jesús Reyes Heroles. Diálogo con el periodista Ricardo Rocha, transmitido por el canal 2, los días 10 y 17 de septiembre de 1983 Enrique Krauze, citado por Ernesto Meneses, Tendencias educativas oficiales en México, 1976-1988, México, CEE, UIA, 1997, p. 238.
Jesús Reyes Heroles, discurso pronunciado en la ceremonia del día del maestro, 15 de mayo de 1983.
Entrevista de la fuente de la SEP con el secretario Reyes Heroles, 24 de julio de 1984.
Comparecencia del secretario de Educación Pública ante la Cámara de Diputados, 4 de diciembre de 1984.
“Enseñar a pensar por cuenta propia, a saber y a hacer”, Jesús Reyes Heroles, discurso con la representación del C. Presidente con motivo del Primer Informe de Gobierno de Enrique Álvarez del Castillo, 4 de febrero de 1984.
“Revolución educativa”, Jesús Reyes heroles. Diálogo con el periodista Ricardo Rocha, transmitido por el canal 2, los días 10 y 17 de septiembre de 1983.
Gilberto Guevara Niebla, “México, un país de reprobados”, en Nexos, núm. 162, 1991, pp. 33-34
Ernesto Meneses, op. Cit. P. 475.
Ibid.
Ibid., p. 479.
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muy interesante, desgraciadamente han sido pocos los idealistas que en verdad han querido cambiar la situación educativa de nuestro país.
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